A la Deriva
Basada en una historia real. Un fin de semana a bordo de un lujoso yate se tuerce para un grupo de antiguos compañeros de instituto que se olvidan de bajar la escalerilla antes de bañarse en el mar. Resulta imposible subir al barco, lo que les deja a la deriva, a millas de la costa. Cuando finalmente parece que han asimilado la situación, estos amigos comienzan a atacarse los unos a los otros. No tardarán en sentirse exhaustos intentando mantenerse a flote y la lucha por volver al barco comienza a tomar un giro terrible. Lo que comenzó siendo una agradable reunión, se transforma en una lucha por sobrevivir.
27 de Octubre del 2006 a las 1:39 am
Hace un par de años se estrenó “Open Water”, una pelicula norteamericana de bajo presupuesto que tuvo cierto eco comercial (muy superior, en cualquier caso, a sus modestos medios, y aún menores resultados artisticos). Ahora, cosa rara, es la cinematografia alemana la que rueda la secuela de aquella cinta de efímero éxito, aunque en España la han retitulado, ciertamente de forma bastante apropiada, “A la deriva”, pués esa es la situación, única situación, que se plantea en la pelicula: grupito de antiguos compañeros universitarios, ya adentrados en la veintena, se reencuentran para celebrar el cumpleaños de uno de ellos, lo hacen en un yate de lujo del triunfador del grupo, son tres parejas mixtas, una de ellas con una niña de pocos meses. Ya en alta mar, un despiste propicia que los seis adultos salten al agua sin soltar previamente la escalerilla para subir de nuevo al barco, con lo que volver a cubierta se vuelve una pesadilla. Asi las cosas, y con tan pocos mimbres (seis personajes permanentemente metidos en agua, alrededor de un barco al que no pueden subir), habia que ser un Hitchcock (recuérdese su situación única de “Náufragos”, con algún parentesco, aunque sea temático: marino, se entiende…) para zozobrar, nunca mejor dicho. Pero el director germano Hans Horn no es, ciertamente, el mago del suspense, aunque habrá que reconocerle algunos méritos. Por ejemplo, la escena crucial, la de la última pareja que salta al agua dejando a todos al pairo (nunca mejor dicho otra vez…), está realizada con cierto sentido cinematográfico, planos ralentizados que vienen al caso (no son puramente estéticos o de recreamiento visual), colores virados para mostrar retazos del trauma infantil de la protagonista, tan vinculado a esta nueva situación dramática, un toque que se puede reputar, sin caer en la ñoñeria ni el lugar común, como mágico. Pero no hay mucho más de interés: quizá el final, tan abstracto que resulta desconcertante, pero no más. Es cierto que esta única situación con seis personajes en busca de una escalerilla (o de cualquier cosa que les permita subir a bordo) tenia una dificil realización para mantener el interes con tan pocos recursos, pero también es cierto que los guionistas se deciden pronto por la truculencia y los estereotipos: la tonta buenorra resulta ser una hitérica insoportable, el guaperas supuestamente triunfador esconde un secreto oculto, las carambolas del azar resultan más bien creibles… Así las cosas, el producto no termina de cuajar, sin por ello dejar de reconocerle cierta capacidad de tensión y de producir ansiedad en el espectador, claro que, expuesta una situación tal, la angustia viene sola… Una curiosidad, que supongo estará motivada por la intención de que el producto sea apto para todos los públicos: a pesar de que los personajes se llevan algo así como tres cuartas partes del metraje totalmente desnudos (por mor de una de las estratagemas que inventan para intentar volver al barco), en pantalla no sale ni una teta (no digamos ya otras partes más intimas…), ¡la de contorsiones que tienen que hacer los pobres intérpretes para que sus partes pudendas no aparezcan, ni por asomo, en pantalla! Lo cierto es que resulta mucho más llamativa tanta mojigateria que lo natural que seria que, en esa situación, se viera lo que se tiene que ver…